EXOPOLÍTICA - I
I
El cielo despejado de aquella noche permitía observar
todas las estrellas del firmamento. La luna estaba en plenilunio, iluminaba
todo el bosque con un color que reflejaba una tenue coloración azulada. Era el
escenario perfecto para Petrus Vang, quien había estado preparando esta cita
desde dos meses atrás.
El parque estatal de Etheal-VI era un área celosamente
protegida por la guardia forestal, era a final de cuentas el parque más grande
de toda la región, abarcaba más de un tercio del estado. Pero Petrus, como jefe
de guardias de la zona norte, tenía la ventaja de acceder al bosque sin
restricción alguna.
Una colina, ubicada a casi quince kilómetros del
distrito más cercano, había sido el lugar elegido para su plan. Tuvo que tomar
prestado un deslizador terrestre para llegar ahí. Su habilidad telequinética había sido
fundamental para su éxito, de lo contrario maniobrar otro deslizador hubiera
resultado ser contraproducentemente ruidoso.
A su lado estaba sentada una mujer de veinte años con
una venda en los ojos, se llamaba Vinka y, si todo salía bien, al regresar a
casa sería su prometida. En la parte trasera del deslizador había una botella
de champagne, una hogaza de pan y queso.
Todo absolutamente sintético. Ese detalle le había costado doce litros
de Lithium, casi la mitad de su sueldo mensual.
Mientras se elevaba el deslizador por la colina,
Petrus se percató de que los faros del vehículo eran la única luz en el lugar y
decidió apagarlas. La luna ya iluminaba lo suficiente como para necesitar los
faros prendidos.
Llegaron al lugar, una mesa y dos sillas de metalio
les esperaban. Petrus ayudó a bajar del vehículo a su compañera y la hizo
sentar en la silla.
- Bienvenida al mejor mirador del mundo – le susurró al
oído mientras le retiraba la venda de sus ojos. El perfume favorito de su amada
impregnado en su cuello le traía agradables recuerdos de sus primeras citas.
La megaciudad del distrito Eurium se elevaba imponente
desde su posición, los tres kilómetros de altura de sus rascacielos y sus casi
ocho kilómetros de anchura brillaban con millones de luces. Arriba en el cielo
las estrellas mostraban la constelación de Orión con sus características tres
estrellas de colores.
Una lágrima escapó del ojo derecho de Vinka mientras
sus manos tapaban su nariz y su boca.
- Ventajas de trabajar en horario nocturno – dijo
Petrus mientras destapaba la botella de champagne.
El queso y la hogaza de pan flotaban hacia la mesa
para acomodarse en el centro, al momento que un pañuelo flotaba cerca del
rostro de Vinka, quien lo tomo y gentilmente agradeció.
- Petrus, eres el amor de mi vida- dijo Vinka mientras
Petrus estaba ocupado de espaldas a ella llenando la segunda copa de champagne.
Se dio la vuelta y la encontró de pie, frente a él.
Admiró su atlética figura, acentuada por el vestido negro de tela sintética que
se movía al son del viento. Su cabello negro como la noche reflejaba los tenues
rayos de luz lunar, largo y lacio como la seda que alguna vez llegó a usarse en
la antigüedad. Sus ojos eran tan oscuros que a veces parecía que todo su iris
fuera su pupila. Los labios eran carnosos y rosados, aquellos suaves labios que
moría por besar.
Esa visión provocó en Petrus un calor que iniciaba
desde el vientre bajo y subía hasta llegar a la cabeza.
Y
tú eres el amor de mi vida, se dijo Petrus para sus adentros.
Como si su cuerpo pudiera decir las palabras que no
salieron por su boca, Petrus se acercó a Vika tomándola de la cintura y
apretándola hacia su cuerpo. Sus labios se unieron, esos labios que tantas
veces había besado.
La humedad del beso y el calor de su aliento erizaron
la piel de Petrus, su respiración empezaba a agitarse y los movimientos de sus
brazos eran cada vez más ansiosos. La sangre empezaba a bombear más rápido y
ahora el calor bajaba hacía su entrepierna.
La copa de champaña que flotaba lenta y erráticamente
hacia la mesa cayó al suelo, a escasos centímetros del vestido negro de Vinka.
Petrus estaba dentro de ella, sentía que la firmeza de
su miembro viril era tan fuerte como cualquiera de los árboles que les rodeaban
en el bosque. La suave y húmeda cavidad
del sexo de su amante se sentían tan agradables, especialmente al ritmo
circular con el que Vinka se movía.
Era un momento espectacular, desde su punto de vista
de se podía observar la vía láctea y, bajando un poco más la vista, podía ver
el hermoso rostro de su amada en éxtasis. Sus senos eran lo suficientemente
grandes como para caber en sus manos; mientras los sostenía sus pequeños
pezones rosados se asomaban por entre sus dedos.
Comenzó a recorrer el cuerpo de su amada, bajó sus
manos de sus senos para sostener sus caderas. Casi podía sentir el movimiento
muscular de su vientre. Recorrió sus manos hacía atrás de Vinka y pudo sentir
su firme trasero, contrayéndose y relajándose rítmicamente.
Una luz interrumpió por un momento el acto pasional de
los dos amantes, eran sus DIRP’s, dispositivos incrustados en su antebrazo. Les
había llegado una notificación gubernamental.
Ambos amantes decidieron ignorar sus dispositivos y
siguieron con su faena. Los movimientos se volvían cada vez más fuertes a
medida que los gemidos de Vinka se volvían cada vez menos constreñidos.
Cambiaron de posición, ahora él estaría arriba y ella
ahora podía admirar las estrellas. Pero eso era lo que menos le importaba en
ese momento.
Vinka abrió las piernas, invitando a su amante a
iniciar de nuevo la danza del amor, como ella le decía. Petrus aceptó la
invitación y de nuevo los gemidos hicieron eco en el bosque.
Otra notificación llegó a sus dispositivos,
deslumbrando a los dos de nuevo.
- ¿Qué… crees que sea, propaganda… política? –
preguntó Vinka, entre gemidos.
- No me importa – le respondió Petrus, callando la
posibilidad de más conversación uniendo sus labios con los de ella.
Los movimientos de cadera ahora los realizaba Petrus,
eran directos y fuertes. Entraba con una fuerza que hacía estremecer a su
compañera con cada penetración profunda. El momento estaba cerca, lo podía
sentir. Las contracciones de su abdomen se sentían como pequeños golpes suaves,
en sus testículos sentía los micro movimientos que anunciaban una eyaculación
acompañada de un orgasmo.
Ella se adelantó por dos segundos.
Petrus pudo sentir sus contracciones vaginales mientras
su cuerpo se retorcía de placer. Su miembro eyaculó y él también tuvo
contracciones que acompañaban muy bien a las de su pareja.
Agotados, no dejaron la posición en la que se
encontraban. Su miembro estaba todavía dentro de ella. Sus miradas estaban
hipnotizadas viéndose profundamente mientras jadeaban agotados.
Un tercer aviso los iluminó de nuevo.
- Parece que el gobierno no quiere que tengamos sexo-
bromeó Petrus mientras se separaba de ella lentamente. Se levantó y buscó su
ropa. Se negaba a revisar su DIRP todavía. Estaba molesto por la intrusión del
gobierno en un momento tan significativo.
- Petrus, ¿Qué significa alerta meteorológica? –
preguntó Vinka, todavía desnuda y acostada en el pasto.
La pregunta hizo que Petrus volteara a ver su DIRP.
“Alerta Meteorológica. Usted se encuentra en
zona de riesgo, por favor evacúe lo más pronto posible”.
Por varios segundos pareció que fuera de día. Una
potente luz iluminó el cielo de repente y un sonido estruendoso hizo que ambos
se sobresaltaran. Petrus miró el cielo y observó una franja de humo cruzando el
cielo. El impacto sonó estruendosamente, debía estar cerca el lugar del impacto,
la estela de humo indicaba que el lugar del impacto no estaría a más de un
kilómetro de distancia.
Vinka activó la linterna de su DIRP para buscar su
ropa y vestirse. Petrus hizo lo mismo.
-Deberíamos irnos, puede que lleguen pronto los guardias
a investigar – advirtió Petrus mientras acercaba sus prendas con telequinesis.
Vinka se vistió, su elegante vestido era ahora un
traje de cuerpo completo que le cubría de los tobillos al cuello. Su habilidad
era la alquimia y la había utilizado para modificar su vestimenta a una con
mayor movilidad.
Empacaron las cosas al vehículo y Petrus conectó su
DIRP a la consola de mando. De repente notó que algo estaba fallando, la
pantalla estaba apagada. Volteó a ver a Vinka y notó que el suyo tampoco emitía
ninguna luz.
Estos dispositivos funcionaban gracias a la energía
calórica del huésped. Un fallo era bastante inusual.
El automóvil funcionaba con energía telequinética,
pero la consola necesitaba conectarse al DIRP para liberar los frenos.
Necesitaba abrir la tapa del vehículo y quitar los seguros manualmente. Sin luz
y sin herramientas sería una proeza difícil, pero era la única manera de salir
de ahí.
Salieron los dos del vehículo y lo vaciaron de todo
aquello que pudiera moverse. Mientras Vinka deformaba una silla de metalio para
formar una palanca, Petrus utilizaba la telequinesia para voltear el vehículo unos
noventa grados y dejar el chasis descubierto.
Se colocó en la posición de carga pesada, pierna
derecha atrás, pierna izquierda enfrente y flexionada, los brazos doblados al
costado con las palmas de las manos giradas en noventa grados con los dedos
abajo. Miró fijamente al vehículo y cerró los ojos para concentrarse. Podía
sentir el peso del vehículo, calculó una tonelada de peso. Ya antes había
levitado objetos de hasta ochocientos kilogramos por casi diez segundos,
empujarlo no debería de ser tan complicado.
Enfocó su energía en un punto, justo debajo de la
puerta del copiloto. Respiró hondo y tensó los músculos de sus brazos. El
vehículo se tambaleó ligeramente. Mientras Petrus elevaba poco a poco sus
brazos el vehículo imitaba su movimiento.
Para cuando el vehículo estaba inclinado en una
posición de sesenta grados Petrus cambió la posición de sus brazos, ahora los
tenía extendidos, como queriendo agarrar algo. Lentamente fue colocando su
transporte en el césped de modo que el chasis quedara de frente a él.
La proeza lo había agotado. De su mochila sacó un
envase de vidrio de aproximadamente un litro de capacidad con la mitad llena de
un líquido transparente azulado; en un extremo del recipiente había una pequeña
manguera con una jeringa al final. Levantó una esquina del DIRP e introdujo la
aguja en un pequeño orificio. Petrus no había traído consigo mucho Lithium, no
se imaginó que tendría que usar tanta telequinesia esa noche.
El líquido estaba ingresando lentamente en su sistema,
sentía cómo la energía regresaba poco a poco a su cuerpo. Su respiración era
pesada y podía sentir cómo las gotas de sudor frías caían en su nuca
provocándole escalofríos.
Que
horrible situación, pensó mientras contemplaba sentado a su
amada mujer retirando los tornillos y las tuercas de la tapa metálica.
Esta no era para nada la situación que había esperado
para esa noche, ese meteorito lo había arruinado todo. Lo maldijo para sus
adentros mientras golpeaba con su puño derecho el suelo, se sentía enfurecido y
frustrado.
El sonido del golpe hizo que Vinka se volteara, ella
interrumpió por un momento su labor y se acercó a él. Le abrazó por atrás, le
beso la mejilla derecha y le susurró:
- Todo estará bien. Pero necesito en estos momentos de
tu ayuda.
La razón volvió a dominar su mente, recordó que tenían
que salir de ahí lo más pronto posible, ya en bastantes problemas se meterían
si llegara algún otro guardia estatal y supieran que utilizaron habilidades sin
registro en el DIRP.
Colocaron la palanca que recién había transformado
Vinka de los restos de la silla en un extremo de la tapa metálica. Petrus podía
sentir que era pesada y tenía una resistencia al menos diez veces más fuerte
que la que la silla tenía originalmente. Jalaron la palanca y liberaron la
tapadera. Los seguros estaban ahora descubiertos y una leyenda en relieve
decía:
“Precaución:
Retirar los frenos de emergencia del vehículo hará imposible detenerlo a menos
que sea dirigido por un usuario telequinético certificado.”
Jalaron las cuatro palancas que atoraban las llantas
de caucho sintético. Momento seguido Petrus movió de nuevo el vehículo para
colocarlo sobre sus llantas. El agotamiento lo invadió de nuevo y el Lithium
tenía menos de cien mililitros.
-Amor, ¿Cuánto Lithium tienes contigo? - le preguntó
Petrus a Vinka con preocupación en la voz. Recordó que necesitaba al menos
medio litro para mover el coche sin la asistencia eléctrica del automóvil.
-Traje cerca de trescientos mililitros, disculpa por
no haber traído más- respondió Vinka.
Petrus calculó que quizás podrían al menos salir del
parque con las reservas de Lithium que tenían. Debían tomar el camino hacia el
sur y salir por el camino terrestre hacia la megaciudad. Ahí podrían llegar a
la casa de los padres de Vinka y pedir Lithium prestado.
Metieron las cosas al transporte y en seguida ellos
entraron. Petrus se sentó en el lugar del piloto y conectó el recipiente de
Vinka a su brazo. Tomó el volante con fuerza y se concentró unos segundos. Las
llantas comenzaron a girar y emprendieron su marcha.
Conducir sin los faros prendidos ahora era
contraproducente, no había suficiente luz lunar y la energía no llegaba todavía
a sus DIRPS ni al vehículo terrestre. Cualquier otro se hubiera perdido en la
inmensidad del bosque, Petrus conocía el parque de memoria incluso mejor que su
propio hogar.
- Vinka, necesitamos llegar a la casa de tus padres.
No tenemos suficiente Lithium para llegar a casa y quiero evitar la caseta
Norte. Hay guardias estatales ahí a estas horas y preferiría evitarlos- le dijo
Petrus a Vinka sin retirar los ojos del camino.
- No me gusta llegar sin avisarles- dijo Vinka con una
preocupación genuina.
Petrus odiaba eso, Vinka siempre era muy temerosa con
respecto a sus padres. Temía tomar decisiones que no estuvieran previamente
aprobadas por ellos. En parte esperaba que al casarse ella pudiera tener más autonomía
en sus decisiones.
Casarnos,
pensó de repente Petrus. Recordó que el plan original era pedirle matrimonio en
la colina con la luz de la ciudad. El enojo nubló nuevamente su cabeza de nuevo
y soltó un puñetazo al volante.
-¡Petrus! – gritó Vinka, asustada y molesta -. Sabes
lo mucho que odio que seas agresivo, sé que te enoja que tenga que avisarle a
mis padres de todo, pero ya sabes como son.
-No es eso lo que me molesta Vinka, es solo que el
plan no era este- aclaró Petrus.
-¿Cuál era el plan? – preguntó Vinka.
Antes de siquiera poder pensar en una respuesta el
vehículo se encontraba girando en el aire, a unos tres metros de altura. El
camino que debería de estar bajo el vehículo estaba ahora a pocos metros de la
cabeza de Petrus.
Trató de usar toda su fuerza para minimizar el impacto
pero el vehículo cayó con el toldo al suelo. Se arrastró aproximadamente unos
quince metros hasta que el vehículo ya no se movió más.
Cuando por fin recobró consciencia Petrus notó que se
encontraba sólo en el vehículo, no tenía idea de cuanto tiempo había pasado. Un
dolor en la pierna derecha y un sabor a sangre en la boca fueron lo siguiente
que notó. Sus ojos se clavaron en el suelo, movió la cabeza hacia delante de
modo que su barbilla casi chocara contra su pecho y pudo distinguir que la luna
seguía brillando en el firmamento.
Se quitó el cinturón de seguridad y cayó con el
costado izquierdo. Un dolor punzante en las costillas le hizo gritar de dolor,
un pedazo del recipiente de Lithium se le había clavado.
Se arrastró, saliendo por la puerta del copiloto.
Observó que había otra sangre en el suelo, y el rastro seguía por al menos dos
metros más, justo hacia los árboles.
Al tratar de ponerse de pie el dolor de la pierna
derecha le hizo volver a agacharse. Tenía incrustada en la espinilla una
varilla de metal de unos diez centímetros de largo. Se sentó para quitársela y
la aventó con furia hacia la oscuridad del bosque.
Todavía no entendía que había pasado, ignoraba si
habían impactado contra un árbol caído o si habían cruzado con alguna mina
trampa. No sabía dónde estaba o cuanto tiempo había pasado, sólo sabía que
tenía que encontrar a Vinka.
Se levantó, agarró la barra de metalio que Vinka había
creado e, ignorando los dolores en las distintas partes del cuerpo, caminó
hacia el bosque siguiendo el rastro de sangre. Mientras se adentraba por el
bosque, la luz de la luna era cada vez menos visible. Las hojas de los árboles
bloqueaban la luz de la luna y era muy difícil poder ver algo. Caminaba con
dificultad, cada paso que daba aumentaba el dolor punzante en la pantorrilla
derecha.
Pasaron quince minutos, el rastro era ya inexistente, la
luna se había ocultado detrás de unas nubes y la visibilidad era prácticamente
nula. Una sensación de pesadez en la espalda y un sudor frío en la nuca
comenzaron a manifestarse. Los escenarios posibles atormentaban la mente de
Petrus.
¿La
habrán secuestrado? ¿Serían los guardias estatales quienes la arrestaron? ¿Se
fue por su cuenta a buscar ayuda? ¿Debería volver al automóvil?,
eran las frases que conformaban su pensamiento mientras su cuerpo seguía
caminando a ciegas con la esperanza de encontrarla. Las manos comenzaban a entumirse
de la fuerza con la que sus manos sostenían la barra de metalio.
Diecisiete minutos después, ni siquiera él sabía en
donde estaba. No había nada que le indicara su posición en el parque, él mismo
se había perdido. El dolor ya no podía seguir siendo ignorado, su sangre
chorreaba por la espinilla y había llegado a los pies. Se sentía vulnerable e
impotente. El cansancio, la sangre perdida y las heridas estaban acabando con
su energía.
Se detuvo unos segundos, se mantuvo inmóvil cuidando
que su agitada respiración no hiciera mucho ruido. Cerró los ojos y trató de escuchar
algún sonido.
Silencio absoluto.
Lo que alguna vez amó del bosque hoy lo odiaba,
deseaba intensamente poder escuchar los pasos de su amada y reunirse con ella. Cada
minuto que pasaba la preocupación y la desesperación inundaban su mente con
imágenes trágicas de lo que le pudo haber pasado a Vinka.
Fue
mi culpa, pensó Petrus al momento que una lágrima salía de su
ojo izquierdo.
De repente, un crujir irrumpió la tranquilidad del bosque.
Petrus abrió los ojos y giró la cabeza hacia el sonido. Otro crujir, y esta vez
sonaba un poco más lejos. Se levantó y caminó lentamente hacia donde provenían
aquellos crujidos.
Dio veinte pasos y a lo lejos pudo notar una sombra alejándose
caminando. Era una persona, de eso estaba seguro.
Apresuró el paso, cuidando que su movimiento fuera
silencioso y que no llamara la atención. No sabía si esa sombra era Vinka o no,
primero tenía que averiguarlo. No era la primera vez que delincuentes del ocho
por ciento entraban al bosque a drogarse, a violar o a pasar la noche dentro de
algún refugio. Su única arma era una barra de metal, y no serviría de mucho si
eran más de dos los atacantes.
Dentro de si rezaba a Inna que esa sombra fuera su
amada, al mismo tiempo que intentaba caminar sigilosamente a pesar del dolor
causado por las heridas. El bosque empezaba ser más espeso, estaba entrando en
una zona bastante lejana, pocas veces había personas caminando a tanta
profundidad.
Petrus cayó repentinamente al suelo, su pie se atoró
con una raíz de árbol salida y su rodilla izquierda impactó fuertemente contra
el piso. El gruñido subsecuente destruyó todo previo intento de sigilo.
Petrus se incorporó lo más rápido que pudo y se
escondió detrás del árbol que le hizo caer. Volteó su mirada hacia donde estaba
la sombra que venía persiguiendo. Ya no estaba. Desde su posición intentó
encontrar esa sombra de nuevo, pero ya no tuvo éxito.
Estaba seguro de que su caída había hecho suficiente
ruido como para que alguien le escuchara a la distancia a la que estaba la
sombra de esa persona sin problemas. Si hubiera sido Vinka ella hubiera venido.
Se mantuvo inmóvil, recargado en el árbol. El dolor
del costado izquierdo comenzaba a sentirse más fuerte que el de la pantorrilla,
eso se debía a que ya casi no podía sentir. Un adormecimiento en casi toda la
pierna derecha le dificultaba caminar. Respiraba con dificultad y comenzaba a
sentir dolores de mareo en la cabeza.
De repente notó algo, el bosque era más visible, un
poco de luz lunar se había filtrado por entre las nubes e iluminaba el lugar
donde se había detenido. Su mirada no tardó en clavarse en un objeto extraño
que sobresalía entre la maleza.
Era un pequeño objeto negro que estaba a unos cuatro
metros de distancia. Intentó jalarlo, pero estaba demasiado cansado como para
usar la telequinesia efectivamente. Se acercó diez pasos e intento jalar el objeto
de nuevo. El objeto levitó y pudo notar que era un zapato negro.
Jaló el zapato hacia él y lo colocó entre sus manos. Era
el zapato izquierdo de Vinka.
Sin soltarlo de sus manos, se acercó al lugar donde
había estado atorado, ahí en la maleza, a unos pasos de distancia. Mientras
caminaba esperaba poder encontrarla ahí, o encontrar algún otro rastro de ella.
Nada. El zapato estaba solo. Posiblemente Vinka estaría
corriendo y lo tiraría sin darse cuenta.
Petrus estaba a punto de seguir con su búsqueda cuando
algo en el suelo se movió, cerca de donde había visto el zapato. Pensó que
podría tratarse de un roedor del bosque, animales inofensivos, pero que, al
sentirse amenazados, podían atacar y morder.
No tenía ganas de averiguar de qué animal podría
tratarse y siguió caminando hacia donde había visto la sombra por última vez.
No dio más de tres pasos cuando sintió algo rodeando
su tobillo izquierdo. Bajó la mirada y un tentáculo morado lo apretaba con
fuerza. Trató de tirar pero el tentáculo apretaba más fuerte y jalaba en
dirección contraria.
El tentáculo jaló nuevamente y lo tiró al suelo. Instintivamente,
Petrus trató de agarrarse de cualquier objeto para no ser arrastrado. Su
salvación la encontró en una raíz salida del árbol en el cual se había
escondido antes. Cruzó su brazo derecho dentro de la raíz salida y enganchó su
mano izquierda con su muñeca derecha.
El tentáculo pareció notar la resistencia y comenzó a
jalar más fuerte. El dolor era insoportable, sentía que le arrancaban la pierna
mientras más se resistía.
La
barra, recordó Petrus. Era su única arma y la había dejado
caer cuando se tropezó con el árbol.
Desesperado, trato de ubicar el lugar en donde se
había caído para atraer la barra a sus manos. No podía sentir el objeto a
ciegas, tenía que verlo y tenía que estar muy cerca de él.
Un grito de dolor irrumpió de nuevo el silencio del
bosque. La presión que el tentáculo le había aplicado habría roto al menos dos
huesos de su pierna y su rodilla estaba ya dislocada.
Ya no pudo resistir más, soltó su brazo de la raíz y
el tentáculo lo pudo jalar completamente. Petrus estaba a punto de aceptar su
destino cuando sintió un objeto rozando su cuerpo. Era la barra.
De inmediato la agarró y con todas las fuerzas que
pudo reunir apuñaló el tentáculo con la parte filosa del arma. Un líquido
comenzó a brotar y supo que estaba dañándolo. Volvió a clavar el objeto tres
veces más hasta que el tentáculo lo soltó.
Liberado, se arrastró lo más rápido que pudo. Tenía
una pierna rota y la otra dañada. No podía caminar y mucho menos correr.
Se habría arrastrado cinco metros cuando notó la
sombra de una persona caminando hacia él.
- ¡Ayuda! – gritó hacia la sombra-. ¡Algo me atacó y
está cerca!
Mientras la sombra se acercaba y podía notar mejor su
figura descubrió que se trataba de su amada.
- ¡Vinka!, bendita sea Inna, estás con vida – exclamaba
con alivio mientras ella se acercaba caminando.
- ¿Estás bien? ¿Te lastimaron? - preguntaba Petrus sin
tener respuesta.
La figura de Vinka se seguía acercando caminando, pero
no de la forma que normalmente ella caminaba, era un caminar forzado y
mecánico. Como si fuera otra persona.
Cuando al fin ella llego delante de él, ella ni
siquiera lo miró a los ojos. Tomó el cuello de Petrus con la mano derecha y
chocó su cabeza contra el suelo.
- ¡Vinka!, ¿Qué diablos…? – alcanzó a decir Petrus,
con una voz ahogada.
Cuando pudo ver el rostro de su amada pudo notar que
unos hilos como cabellos salían de sus fosas nasales y de su lagrimal
izquierdo. Tenía una herida en la frente y los labios ensangrentados, pero
actuaba como si no sintiera nada de eso.
Mientras Petrus trataba de liberarse de Vinka un
tentáculo comenzó a subir por su abdomen. Dirigiéndose a su cabeza.
El forcejeo era inútil. La fuerza con la que Vinka lo
sometía era tal que no le permitía moverse. No sabía que ella fuera tan fuerte.
Mientras, el tentáculo subía poco a poco por su cuerpo. Era viscoso y frío.
Petrus sabía que su muerte era inminente, su mente no
podía comprender la situación que había pasado. No entendía cómo ni porqué su
amada le estaba haciendo esto. Pero de algo estaba seguro, esa mujer no era
Vinka, aunque fuera su cuerpo.
Con sus últimas fuerzas elevó su brazo derecho y
acarició el rostro de Vinka.
- Vinka, ¿te casarías con…? – dijo Petrus antes de que
el tentáculo entrara por su fosa nasal izquierda.
Fue en ese momento cuando la conexión con su mente
comenzó a desvanecerse.
Vinka,
siempre serás el amor de mi vida, fue el último
pensamiento de Petrus Vang.
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